En algo que ni en mis mejores sueños me hubiera imaginado se ha transformado la segunda visita de Dream Theater a nuestro país. Puesto que cuando comencé a escucharlos, por ahí por 1996, vivía visitando foros y sobretodo "newsgroups", en una incipiente internet, donde mi principal motivo era averiguar de qué se trataba un show en vivo de una banda me había volado la cabeza con el Awake.
Es así como maldije muchas veces a tipos que los habían visto como siete veces en un mismo tour y tenían la osadía de preguntar si valía la pena ir a un octavo (herejía más agravamente desde el punto de vista que el tipo que preguntaba lo hacía por una gira que además comprendía a Deep Purple y Emerson, Lake & Palmer). Pero ahora los puedo ver a 120 kilómetros de mi casa, una ganga para años de espera.
Si bien en mi paso por tv critiqué el show, esta vez no hay excusas. Se sabe de antemano que el recinto es la Pista Atlética (sin cambios de última hora) y la banda viene en promoción de un disco que considero bastante mejor que Octavarium (al que le dedicaron casi la mitad del show la vez pasada).
Por eso considero una cita imperdible estar en la Pista Atlética el 1 de marzo, aunque venga Maiden 8 días después.
Mención aparte para los que dicen que Dream Theater no tiene pasión o es una banda fome. Es uno el que al escuchar la música se compenetra y llega a diversos estados según lo que ella le provoca. Por lo mismo no necesito ver la cara de emoción de Petrucci o cuánto salta Labrie, para mí la música es encendidísima, es lo que me provoca.
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